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Aún
no se ha perdido el tren de la fase final, pero seamos realistas y
hagámonos a la idea de que están prácticamente todos los billetes
vendidos. A no ser que algún ocupante caiga enfermo las últimas jornadas,
pinche, y deje su plaza libre, el Grupo76 Al-kasar se quedará por segundo
año consecutivo en casa, pero esta vez con las maletas hechas, y en el
andén, a punto de subir.
Y
es que el último billete se lo jugaban en esta jornada los nuestros ante
Socuéllamos. En su casa se solventó el encuentro con relativa facilidad,
en parte por el mal juego que desplegaron los entonces locales. Se era
consciente de que no iba a ser tan cómodo, pero el jugar en el Díaz
Miguel, y ante un rival al que se sabía que se podía ganar, albergaba
muchas esperanzas de triunfo.
En
lo referido al partido no se podía presagiar nada de su final dados
los vaivenes de ambos equipos en el marcador. Igualdad durante todo el
encuentro que hacía bailar el resultado para un lado y para otro. Eso se
vio desde el principio. Aunque los socuellaminos empezaron más acertados en
los primeros minutos, los nuestros supieron reaccionar, gracias sobre todo a
un Barry en su mejor versión, que hizo uno de esos partidos en los que le
sale todo, tal vez porque lo sabe hacer. Todo ello en un primer periodo en
el que a los nuestros se les veía fallones en ataque. Jesús y Oliva,
titular el cadete y con mayor responsabilidad por la lesión de Miguel
Núñez, erraban demasiado bajo tablero, y además los alcazareños
cometían faltas tontas. Así se podía pensar que con un poco más de
acierto las cosas se pondrían de cara en el segundo cuarto.
Un
segundo cuarto que comenzaba con los locales a un punto, y acababa con los
mismos a dos. Es decir, más de los mismo. Socuéllamos perdonaba poco, y a
los nuestros se les veía, eso sí, más concentrados en la parte ofensiva,
culminando buenos contraataques, y con un buen Olis, que, como ladrón de
guante blanco, deleitó con un robo limpio al base visitante y la posterior
contra finalizada en canasta, para después anotar un triple que llegaba a
poner por delante al Grupo. Aunque poco duraban las ventajas para unos y
para otros.
Tras
el descanso, pese a los fallos defensivos presentes durante todo el partido
y con su máxima expresión en los rebotes, Ángel Palacios lograba dar vida
a los alcazareños con una muy buena actuación, y, a ratos, les daba el
liderazgo en el marcador, ayudado de un Jesús luchador, que era de los
pocos que penetraba y, en consecuencia, conseguía faltas y tiros
libres. La defensa, aún floja, hacía que, si al final del primer cuarto
fueran uno abajo, y en el del segundo dos, para el tercero fueran tres.
Todo
abierto para el último periodo. Barry seguía a lo suyo, dando alas a su
equipo. Fernando Lozano ayudaba a ello con un triple. Socuéllamos,
mientras, seguía a su ritmo. Un ritmo que cortó por un momento. Esto fue
aprovechado por los locales que empataban a 50 el partido. A partir de aquí
se vio a dos conjuntos a los que les costaba anotar llegando al último
minuto con 53-55. La posesión es para los alcazareños, y Fernando Novillo
tiene la oportunidad de ponerles un punto arriba con un triple que no anota
a dieciséis segundos del final, y menos mal que apareció Jesús para cazar
el rebote y sacar la falta con los correspondientes dos tiros libres. El
primero lo anota, y la señora colegiada se lo invalida. Lo repite y lo
vuelve a anotar. El siguiente lo falla. Los visitantes se apoderan del
balón, reciben falta, y ellos sí consiguen los dos puntos en sus tiros
libres. Faltan doce segundos y la posesión es alcazareña, con 54-57 en el
marcador. La idea era simple, el que lo tenga claro que se tire el triple.
Fernando Novillo lo vio claro, aunque, sin culpabilizarle de nada y sin ser
ni mucho menos responsable de la derrota, no nos engañemos, ese no era el
tiro. Aún así Jesús, luchador incansable, cogió de nuevo el rebote e
inextremis, sin casi cifras en el cronómetro intentaba un triple imposible
que no entró ni se esperaba que entrara, a la par que sonaba el bocinazo
final.
Ese
bocinazo marcaba el final del partido, y tal vez, final de la temporada.
Dicen que mientras hay vida hay esperanza, así que no queda otra que
atenernos a ella. Además quedan cuatro partidos, no es hora aún de
analizar nada, simplemente de esperar, y que ese tren de la fase, ojalá,
también espere.
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