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El papel
arbitral es muy complejo y el mundo de los árbitros no solo merece la pena
ser respetado sino que también hay que admirarlo. Son muchos los deportistas
-porque los árbitros son deportistas- que se preparan a conciencia para
dirigir encuentros en nuestras competiciones. No hablo de ligas superiores,
hablo de aquí, en Castilla La Mancha. Hay muchas personas -porque los
árbitros son personas- que durante todo el año se preparan físicamente,
psíquicamente, técnicamente y hasta moralmente para dar la talla en cada
partido. Es por tanto que para mi, y conociendo como funciona el arbitraje
en Castilla la Mancha, solo pueda distinguir entre buenos y malos
colegiados. Buenos, son todos los que he descrito antes. De entre estos
buenos, todos o casi todos se equivocan, muy a menudo si quieren, pero sin
mala fe. Como se pueden equivocar los jugadores al entrar a canasta o al
tirar un tiro libre. Y luego están los malos. Los que corrompen el deporte
con actuaciones que no tienen ningún tipo de justificación. Solo conducen a
pensar mal, a cabrearte y a preguntarte ¿por qué?
Y esta
pregunta lo que hace es intentar marginar a un pequeño sector de nuestro
arbitraje, que deja "con el culo al aire" a la gran mayoría de colegiados
federados de nuestra región, que viven y disfrutan realizando su deporte. El
baloncesto.
Un baloncesto
que se vio truncado en el partido del pasado sábado entre el Júnior Especial
de nuestro club, y el de Quintanar de la Orden, que se jugaban la tercera
plaza del grupo Oeste en la última jornada de la primera vuelta. Un partido
que en la previa anunciábamos y preveníamos que iba a ser muy complicado, no
solo por el equipo rival sino también por el escenario y la propia
coyuntura. Y un partido cuyo protagonista no fue el duelo entre los dos
pivots de cada equipo ni el duelo en los banquillos ni nada...porque el
protagonismo se lo llevó una pareja arbitral cuya actuación se resume en el
subtítulo del titular.
Condicionaron
mucho un partido que al último cuarto llegó igualado y que estalló de la
peor manera posible: con una descalificante hacia Guillermo de Haro que
reflejó la impotencia de un equipo que no pudo luchar contra las
inclemencias. Fue un final triste para un partido trepidante y emocionante,
que pese a todo, tuvo máxima igualdad hasta los minutos finales en los que
Quintanar se aprovechó para llevarse una victoria que lo sitúa tercero y
deja al G76 al-kasar cuarto.
Antes de todo
esto, el partido comenzó de poder a poder, con mucha igualdad dentro de la
pista -me refiero a la anotación- y con jugadores que asumían protagonismo
en ambos bandos. Por parte local eran López -Brea y Reneses los que
engordaban la puntuación local con buenas acciones mientras que en los
alcazareños, eran Palacios y el propio Guillermo los que lideraban los
ataques visitantes. El primer parcial se lo anotó Quintanar con tan solo una
canasta de diferencia y fue en el segundo cuarto cuando un buen parcial de 8
puntos consecutivos de Palacios llevó a los de Paco y Pola a la remontada y
puesta por delante al descanso. Ventaja mínima pero moral, teniendo en
cuenta todo lo que estaba sucediendo.
El tercer
cuarto también se ganó y se volvió a hacer por la mínima pero ya fue
distinto. Entre otras cosas por situaciones ya que se salían del baloncesto.
Se señaló una técnica al banquillo visitante y se señaló tan solo una falta
al equipo local. Creo en la defensa sin faltas, pero me cuesta creer en la
perfección. Como me cuesta creer en la veracidad de un partido en el que un
equipo lanzó 59 tiros libres y otro tan solo 20.
Y llegaron
los últimos diez minutos. Los de la impotencia. Quintanar se aprovechó de
todo este desbarajuste y marcó hasta cuatro triples, meritorios, pero
deslucidos por un partido, que no lo ganó Quintanar, ni lo perdió el Grupo76
Al-kasar. |