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Pese a todo
lo acontecido después de las mas de dos horas que estuve en el Díaz Miguel
viendo el estreno de los Júnior del Especial, la sensación que me queda es
la de que por fin, tras mas de un mes viendo baloncesto de nuestro ámbito,
fue la primera vez que el partido no fue aburrido, que tuvo emoción y que
tuvo algo que recordar. Partidos cadetes, de chicas, del nacional - de este
equipo si pudimos por lo menos sufrir- pero ninguno como el vivido en la
tarde del domingo en Alcázar. Por la emoción del marcador, por los buenos
minutos de baloncesto que vimos en algún momento, por la tensión final y por
las cosas que sucedieron en este partido que de momento es el más completo
de la temporada en todo.
Comenzaba la
temporada en Júnior Especial y se enfrentaban dos de los más clásicos de la
región. Sería repetirnos, hablar en cada enfrentamiento entre ambos equipos
de las batallas pasadas, de los piques vividos, de las temporadas ganadas o
perdidas por jugar ante Talavera, pero insisto, sería repetirnos. En
cualquier caso si hay que decir que solo oír el enfrentamiento ya te hace
pensar que algo va a pasar. Y vaya que si pasó...
Pongámonos en
situación y digamos que este año, el equipo júnior es el de la generación
que hace un par de años en cadete Regional estuvo rozando las semifinales, y
solo su mal inicio liguero y una serie de polémicos resultados lo privaron
de aquello. Es el equipo de Ricardo Fernández, Ángel Palacios, Nacho
Guerrero, Rodrigo Úbeda, Juan Carlos Oliva, Gonzalo Gómez o Adrián Marcos
Alberca, y de Carlos Ortiz y Julio Lozano. Precisamente este último fue baja
en el debút por lo que el equipo se resintió en algún momento en la posición
de poste. El inicio no fue malo, de hecho fue bueno, con un Richy que
manejaba a la perfección al equipo y con un Oliva que se mostraba poderoso
en su territorio. Los de Paco Abengózar comenzarían ganando por 4-0, siendo
contestados rápidamente por Talavera que metió las mismas canastas, mas una
mas que los puso por delante. A continuación el partido se igualó en tanteo
y el intercambio era lo que reinaba en el marcador. Pero al final del primer
cuarto, el equipo local apretó la defensa y se mostró muy acertado en
ataque, lo que le permitió marcharse al primer descanso con una ventaja de
siete puntos.
En el segundo
cuarto Talavera tomó protagonismo por medio de su base, y de sus dos hombres
altos en especial el número 12, Martínez que dio un recital de movimientos
en la pintura. Se llevó los aplausos del público alcazareño que sabe
distinguir el buen baloncesto, el de verdad. Nacho Guerrero que había
entrado en este cuarto se mostró destacado, por lo menos en intensidad, y en
ganas de hacerlo bien, tras un año donde su actuación fue mas bien discreta.
También a estas alturas de partido había entrado a la cancha Rodri, que tras
un final de año pasado movido y un verano dudoso, arranca con las ganas de
siempre y la calidad atesorada en tantos años -pese a lo joven que es-.
Pero esto no fue suficiente y al descanso, el resultado se igualó y tan solo
una canasta, daba ventaja al Grupo76 Al-kasar.
El tercer
cuarto fue como el segundo, es decir de Talavera. El ataque alcazareño
estaba atascado, simplemente por la circunstancia de que el equipo visitante
se puso en zona, algo que dejaba sin idea a los de Paco Abengózar, que
naufragaban en este periodo merced al buen trabajo talaverano. Pero se
llegaba al cuarto periodo, que a la postre no sería el definitivo pues luego
hubo prorroga. Alcázar tiró de corazón mas que de cabeza y de jugadores
clave. Richy confirmó que puede ser perfectamente el base indiscutible del
equipo. Conocíamos su calidad, su trabajo, su entrega y su capacidad para
liderar, pero le descubrimos en este partido algo nuevo: la mirada. Sí, ese
detalle que los mas locos ponemos como excusa pero que a veces es verdad. La
mirada de la madurez, de la seriedad, de la responsabilidad. De ese paso que
ha dado este jugador. Ya no es "Ricardín", ni "Richy", ahora es Ricardo,
todo un hombre. Que se echó al equipo a las espaldas y que lo lideró durante
buena parte del partido. Otro que tuvo la sangre mas fría que nadie en estos
minutos fue Carlos Ortiz, al que seguimos llamando Carlitos, pero el cual
también ha dado ese paso. O por lo menos en este partido lo dio, y fue de
los protagonistas finales con sus canastas decisivas, triple incluido.
Protagonista
también fue la actuación arbitral, muy protestada por ambos banquillos y que
conllevó alguna que otra bronca, técnicas a ambos entrenadores, a jugadores
y que propició las quejas de todos. Unos llevaban razón, otros también y
posiblemente ellos también. Cosas del baloncesto. El caso es que se llegó a
un final agónico con dos minutos de infarto. Después de muchas ventajas y
desventajas, se afrontaban 120 segundos con una ventaja de cuatro puntos a
favor visitante. 56-60. Pero apareció Carlos Ortiz del que seamos sinceros,
nadie esperábamos iba a tirar y tiró. De tres, y anotó, y puso al quipo a
uno. Luego se hizo falta, y Talavera no falló desde la personal, de tres
otra vez. Tiros libres para Ricardo...solo mete uno. Misma situación para
Martínez, mismo resultado. Rebote de Oliva en ataque y canasta. No queda
nada y el resultado es 62-63. Defiende Alcázar y Carlos Sánchez la roba,
recibe falta y se aproxima al lanzamiento ganador de tiros libres. La
memoria en aquellos libres que lanzó en el sector inter autonómico de hace
dos años, los metió y se ganó. Pero aquí falló uno, empate. De nuevo falta a
Martínez y anota uno, el segundo lo falla y Oliva rebotéa y se la da a
Richy, que sortea a uno, a dos, penetra y sobre la bocina recibe falta. Dios
es azul pensamos unos, el árbitro es azul pensaron otros. Pero la decisión
estaba tomada, Ricardo tendría dos lanzamientos para empatar o ganar. O
perder. Falla el primero y el nerviosismo se convierte en llamada al 112,
convierte el segundo. A la prorroga. Nervios en el banquillo talaverano y
técnica.
Cinco minutos
para la gloria, o para la muerte. Bonito este deporte, no hay duda. Y se
jugó una prorroga bastante intensa pero fea en el juego, en la anotación.
Anotó Oliva, y Pajero, y Sánchez. Pero se puso Talavera por delante con dos
canastas de Martínez. Quedaba poco, bueno no quedaba nada. Pero apareció "La
mano de Dios". Palacios, que en su nombre lleva impresas las alas que posee,
que le hacen volar, que le hacen tener una mano prodigiosa, incuestionable,
asesina. Ganadora. Recibe, se para y anota. Mas uno para Alcázar, a
defender. El equipo defiende, y vuelve a atacar y a Sánchez se le arruga la
mano, amaga el tiro y se echa atrás, intenta pasar y la pierde, nueva opción
para los toledanos. Pero se defiende genial, Oliva vuelve a taponar y el
partido se acaba, con la bocina y con una patada al balón de Oliva que
apunto estuvo de costar algo mas. Uno de los árbitros parece que le señala
técnica, pero la bocina a sonado, el partido está acabado, el grupo se
abraza, Talavera se abraza, los entrenadores y jugadores se comen a los
colegiados y al final...final. No hay tiempo para más, el Grupo76 Al-kasar
gana y Talavera pierde, el partido y los nervios, lógico tras un partido tan
emocionante pero con consecuencias negativas. Para Talavera sobretodo que
pierde la ficha de uno de sus jugadores mas importantes pero también para el
G76 Al-k, que ve reflejado en el acta la incidencia de la patada a un balón
y la falta de una pegatina, en una canasta del Díaz Miguel, en unas canastas
que ya no se usan pero que siguen trayendo cola.
Todo esto,
que posiblemente le falte detalles dio de sí la tarde. Es el baloncesto, es
el duelo de dos clásicos, y la victoria del que fue mejor, en el tanteo, el
Grupo76 Al-kasar. |
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