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Aún mojados por el jarro
de agua fría que supuso la derrota en Socuellamos, por mal juego y por el
mal sabor de boca que les dejó los árbitros, los jugadores del 1ª Autonómica
volvían a casa. Hogar dulce hogar deben pensar los de Juan Leal
cuando les toca jugar en el Díaz Miguel. Se sienten a gusto en su pabellón,
muy a gusto, la gente les respalda desde la grada con un fiel seguimiento,
no tanto en cuantía como en valía, y así es más fácil afrontar un partido,
aunque sea un partido tan decisivo como el que disputaban este finde, ante
Manzanares, el segundo. Un rival a batir.
Con sólo una derrota en
su casillero, sufrida ante el líder, el Basket Calatrava, y con cinco
partidos ganados de forma consecutiva, venían los manzanareños a Alcázar.
Uno de los grandes equipos de la liga, entrenado por uno de los grandes
entrenadores de la liga, un clásico, Kiko Leal. En frente el cuarto en la
tabla, nuestros seniors, con sólo dos derrotas, las dos fuera de casa, y con
una de las mejores plantillas, que no equipo (aún), de la liga. Mimbres pues
de gran partido.
Y con esos mimbres
saltaron a la cancha los alcazareños que abrieron el partido con un más que
buen primer cuarto en el que Joseda brilló con luz propia. El pívot local,
que acabaría el choque con 15 puntos anotados en 18 minutos (además de 8
rebotes), guió a los suyos a la primera ventaja del encuentro, 23-15, con la
que se cerraría el período inicial. Una ventaja que pudo haber sido mayor
pero que se vio frenada por un cuádruple cambio de jugadores por parte de
Juan Leal que desdibujó un equipo que hasta entonces estaba dominando.
En el segundo cuarto,
como estaba previsto en el guión, la cosa se apretó más. Manzanares reforzó
su defensa y el ritmo ofensivo bajó. Los nuestros entonces volvieron a
tropezar con la misma piedra de cada partido. El mismo pecado de siempre:
contagiarse del juego del rival. Los alcazareños volvieron a carecer de la
personalidad que necesitan para imponer su juego sobre el contrincante, y,
de nuevo, se dejaron llevar por la dinámica del equipo que tenía en frente.
Obviamente, eso benefició a un Manzanares que comenzó a recortar distancias
hasta el 38-32 del intermedio.
Vuelta al partido tras el
descanso y misma tónica. Un G76 Al-kasar al que le costaba subir el balón,
sino era por la lentitud de Pedrito para cruzar el campo (lentitud que choca
con su mejor arma: la rapidez para atacar, que, esta vez sí, utilizó más en
este partido), era por las pérdidas de balón de Luis. Fallos de los dos
bases locales que se excusan por la buena defensa de los visitantes
presionando la primera línea, y por las pocas ayudas que recibían de los
aleros para subir el balón. Y fallos que aprovecharon los de Manzanares para
tener más oportunidades en ataque, donde no terminaban de estar acertados
pese a puntuales canastas que les daban vida.
Así pues, el marcador se
apretó aún más, tanto que de no ser por la gran canasta de Luis, como un
misil cruzando la defensa para anotar de bandeja, al final del tercer
cuarto, Manzanares hubiera cerrado el período por delante. No fue así, y los
nuestros se mantuvieron al frente del marcador con un 61-60 que anticipaba
un último cuarto emocionante, o agobiante según se mire.
Agobiante, porque agobia,
e incluso harta, ver a un equipo como el nuestro que sigue jugando muy por
debajo de sus posibilidades. Bien es cierto que sufren la rémora de entrenar
juntos sólo un día a la semana, y que eso no sólo se nota para mal en lo
colectivo, sino también en lo individual, como pudimos ver en Javi, muy
desacertado durante todo el partido. Pero también es cierto que llevamos ya
dos meses de competición, y este equipo sigue progresando una marcha por
debajo de la velocidad que lleva esta liga en la que deben ser, por
plantilla, uno de los aspirantes al ascenso.
Pero la cosa se arregló,
también como siempre, a base de velocidad y a base de Oli, otra vez el más
decisivo. Cuando este equipo corre, es casi imparable. Cuando corre bien
claro. Y correr bien lo hace Luis (que ya lo demostró con esa, repito, gran
canasta en el final del tercer cuarto) y, sobre todo, Pedrito. El ex-base
Adepal sacó su mejor arma y desde el contra-ataque guió a los suyos a la
victoria. La caballería se puso en marcha, y el mejor caballero volvió a ser
Oli.
El hermano de Joseda
respondió de nuevo en los momentos vitales del partido, tanto en defensa
como en ataque, y puso la puntilla a un Manzanares que se aceleró demasiado
y no supo jugar con calidad los minutos finales. Mario (que recibió varios
golpes) y Ernesto se unieron a la fiesta, y el G76 Al-kasar despuntó en el
partido hasta la victoria final por 81-70. Un buen triunfó que refuerza el
fortín que es para los de Juan Leal su casa, el Díaz Miguel, y un mejor
precedente para afrontar el partido más difícil de la primera vuelta. Será
dentro de quince días (por el descanso del puente) y fuera de casa, su tarea
pendiente. Será ante el líder imbatido, el Basket Calatrava.
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