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Mucho que

aprender

 

 

Escribe: Chema González

 
 

Valoración del speaker de Adepal de la primera derrota del equipo de Alcázar

 
 
 
     
 

El Magariños como símbolo de la enseñanza baloncestística

 

Por fuera, las estatuas con las caras grotescamente pintadas dan muestra de cierto incivismo callejero que contrasta con el nivel social de la gente que reside por esos lares. Pero cuando entras en el interior del Pabellón dedicado a Antonio Magariños, en la calle Serrano de Madrid,  recibes una sensación especial. Es un lugar que rezuma historia de baloncesto por los cuatro costados, y por los ventanales del techo. Si subes hasta la tercera planta, o tercer anfiteatro, porque más bien a esto se asemeja: a un teatro donde los espectadores -se pongan donde se pongan- tienen una visión privilegiada de los 12 actores en cancha, puedes encontrar bidones de pintura, paredes algo agrietadas y más pintadas que tratan de marcar la propiedad de un palco que hace años dejó de estar ocupado hasta reventar. Eso es la tercera planta: donde sólo sube el operador de cámara que tiene que grabar el partido, y los nostálgicos que también hace años recorrieron este lugar siendo “dementes”.

Las otras dos plantas son distintas: las primeras filas tienen esa especie de atril corrido en toda la grada para escribir y tomar apuntes. No es difícil imaginarse a esos chavales de la extinta E.G.B. llegando a su clase de educación física en este pabellón, y desde la cancha de madera a su profesor dictándoles las primeras reglas de un deporte de equipo llamado baloncesto. Y tampoco es difícil imaginar a un Miguel Ángel Martín quizá con algo más de pelo, desgranando estrategias de juego para ganar a los más grandes, mientras toda la afición gritaba poderosa en mitad de un tiempo muerto. ¡Cuántos recuerdos habrá despertado la visita del pasado domingo en el míster de Adepal! Recuerdos como los que tiene el ex del Real Madrid, y de momento presidente de la federación castellano-manchega, Vicente Paniagua, también presente en Magariños entre partido de veteranos y partido de las nuevas generaciones.

Pero del recuerdo sólo se vive cuando no hay mucho que vivir. Cuando por delante la vida te plantea múltiples opciones, tan sólo tienes que elegir, disfrutar y aprender. Y no hace falta tener que ser joven para eso. No he hablado de edad ni para una cosa ni para la otra.

A un proyecto como el de la Fundación ADEPAL le queda mucho por delante que vivir, disfrutar y aprender. Nadie nace con la cartilla aprendida. Poco a poco, paso a paso se gana experiencia y saber hacer. Como cuando a un niño le explicaba su profe de gimnasia una y otra vez qué era eso del pie de pivote y porqué no podía moverlo, o la teoría del cilindro imaginario…  el pasar de la competición va poniendo delante de uno situaciones de las que hay que aprender. No diré disfrutar, porque de una derrota poco se disfruta a no ser que extraigas las correspondientes lecciones, pero eso debe hacerlo cada cual.

El 92-75 es, como una buena lección, fácil de explicar. Cuando sólo consigues encestar 19 de 40 intentos de dos puntos, y el triple –arma poderosa de este equipo en muchos partidos- se queda en un pírrico 23% (con sólo 6 convertidos), pasan estas cosas. Cuando pierdes balones fáciles y también los complicados, pasan estas cosas. Cuando enfrente tienes a un equipo dopado de moral, que te presiona hasta las costillas y no te deja construir el juego que quieres, pasan estas cosas. Cuando a los estudiantiles les entra todo y más… y un Rafa Molina y un gigantón Driesen se convierten en estrellas, pasan estas cosas. Y no me he olvidado (¡¿cómo podría?!): si tienes como maestros de ceremonia a dos señores como Muelas Plaza y Pérez Díez, échate a temblar que vienen curvas… 

Como reescribo la canción de Sabina dedicada al Atléti “¡Qué manera de arbitrar, qué manera de ofender, qué manera de joder…” Lo de estos no tiene aún nombre, por más que los presentes gritaran eso de “Manos arriba, esto es un atraco”. Cómo sería que hasta le pitaron una técnica al mesurado Martín. ¡Qué persecución, qué observancia a rajatabla de las normas… en un sentido, qué espectáculo servido en bandeja para los “conspiranoicos” (Ríanse de Jiménez Losantos y Pedro J. en el 11-M)! Pero no se dieron cuenta de lo cantoso que resultó… y la mala imagen que proyecta el estamento. Lo que no sé es si es cuestión aprendida o aprehendida, lo cual sería más grave aún. “Con la “P”, acción o efecto de dictar una resolución a sabiendas de que es injusta”  ...  Pasopalabra.

Y al igual que al Adepal, a la afición de este equipo le queda mucho que vivir, disfrutar (y sufrir) y aprender. Yo creo que lo que ha pasado estos dos años es digno de ser estudiado por otro miembro de la familia Jiménez, Iker, y su “Milenio 3”.

-         “¿No es realmente inquietante, Carmen? En dos años el pabellón Antonio Díaz Miguel ha visto multiplicado por cien el número de espectadores que antes acudían a ver un partido de baloncesto…” 

-         “Y no sólo eso, Iker, ahora se oyen extraños sonidos de ánimo procedentes de muchas partes de este pabellón… sonidos que me cuentan también se han oído en otras canchas a las que se desplaza el equipo.”

-         “Tendremos que seguir investigando.”

¿No es cómo para seguir disfrutando de este misterio por mucho tiempo? De esta primera derrota de la temporada, seguro que se aprende. Igual que se aprendió de Gerindote. Igual que aprendieron Literatura los alumnos de ese profesor -a la vista de muchos chiflado- en la película “El Club de los Poetas Muertos” que obligaba a sus alumnos a recitar a voz en grito por los patios de la universidad lo de “¡oh capitán, mi capitán!”, como reza la pancarta desplegada en un fondo del vetusto Magariños, en el que aunque pasen los años, siempre se aprende.

     
 

Chema González, Periodista (SER Ciudad Real)